Los ojos, ventana del alma. Se pregunta ahora si esa frase la inventó o la escuchó/leyó por ahí. Seguramente debe ser de alguien más ya que nunca se le ocurre nada bueno, y en este momento esa frase le parece muy buena.
Toda la vida siempre luchó por lograr lo que al final todo el mundo quiere, poder expresarse genuinamente. Como todo el resto de sus planes, fracasó. Quiso escribir, hacer música, pintar, jugar fútbol...y así un largo etcétera. Nunca le resultó nada así que se fue por el camino clásico de quien pasa por el mundo sin dejar huella: se metió a estudiar una carrera estándar a la universidad, la terminó y empezó a trabajar en algo que no le interesaba en lo más mínimo ni le llenaba el espíritu de ninguna forma.
Así se le fueron varios años, compartió con amigos que no quería, se casó con una mujer que no amaba y tuvo hijos que no quiso. Siempre anhelando poder un día despertar con la suficiente valentía para mandar todo a la mierda y comenzar a vivir. Siempre armando fría y calculadamente su plan para salir del mundo común y corriente, y "hacer algo". Siempre imaginándose como un escritor, un bohemio, un músico, un ser vivo al fin de cuentas.
Intentos tuvo, no se crean que nuestro héroe nunca juntó el valor necesario. Trató de escribir una novela, agarró un vuelo impresionante al principio, se desgarró la creatividad del alma y llegó al no despreciable número de 10 páginas escritas...ahí se bloqueó y no siguió más. Lejos de desanimarse por esa experiencia fallida, pensó que quizás era mejor partir poniéndose metas más modestas pero igualmente desafiantes: "Partamos por escribir cuentos" se dijo. Mismo resultado a distinta escala.
Una semana atrás tomó la decisión, ya sabía qué era lo único que podía hacer en su vida para sentirse valiente o decidido. Pasó los días planeando bien todo y finalmente llegado el momento lo hizo, saltó directo a las vías.
Ahora mientras mira desde arriba como la gente se acerca a ese cuerpo inerte, piensa lo curioso de sentir que por fin pudo expresarse, gritar, decidirse, hacer algo. Logró...no, mejor dicho aun logra mientras la gente se reúne, expresar algo, a pesar de tener los ojos cerrados. Siempre pensó que los ojos eran la forma más pura de expresión, ahora se da cuenta que no, no los necesitaba.
sábado, 4 de abril de 2015
domingo, 1 de febrero de 2015
Buscándose
Todo era oscuro, el letargo lo tenía consumido hace días, no daba más. Cuando se ponía a pensar se daba cuenta de que lo que en verdad lo consumía era esa sensación...no, mejor dicho esa condición profundamente animal que caracterizaba su ser en el último tiempo.
Su vivir se resumía a despertar a cualquier hora, hacer un escrutinio del espacio que lo rodeaba sin mayor propósito que el de asegurarse de seguir vivo, comer algo, sentarse en la ventana mirando el horizonte y divagar sobre absolutamente nada en particular, dormir la siesta, despertar en la noche, emborracharse y escuchar música mientras escribe algo carente de talento que gracias a algún Dios ocioso probablemente nunca verá la luz del sol. Los días se le iban así: perdidos, vacíos, animales.
Los momentos que tenía de lucidez se le hacían insoportables pues le servían únicamente para darse cuenta del estado en que se encontraba. Anhelaba aquellos días donde era brillantemente creativo, cuando se sentía motivado a llevarse el mundo por delante. Ahora no encontraba la razón por la que pelear, el punto de partida por el cual luchar era una construcción inalcanzable para su diezmado espíritu.
¿Qué hacer?
Hace algunos años, cuando aun era él, había reflexionado un montón sobre este tipo de procesos, digamos "la decadencia del ser". Por supuesto en esa época, desde su mirada artística de la vida, este estado del alma parecía mucho más poético, romántico y épico de lo que verdaderamente era. Él se había preparado, durante esas reflexiones, para sobrellevar una potencial decadencia de su alma sólo con el glamour del alcohol y las drogas, como buen rockero.
Nada más alejado de la realidad. Su depresión auto prescrita la vivía sin el más mínimo rastro de poesía callejera. Era polvo. Los sueños de siempre parecían tan lejanos que era preferible abandonar la empresa de hacerlos realidad para así evitar frustraciones. Objetivos y sueños de lado, a lo único que se podía aferrar como ser humano era al valor intrínseco de la cotidianidad, pero eso tampoco lo tenía ya que se sentía un animal.
Finalmente un día se plantó se dijo a sí mismo: "Lo que tengo que hacer es buscarme, definirme de nuevo, re nacer como alguien con nuevos intereses". (Cómo se puede apreciar, realmente le venía bien la épica al voleo a nuestro amigo). Así estuvo, días re inventándose desde lo más profundo de la condición humana para concluir en un cuadro de rotundo éxito para su persona: Empastillado hasta la médula y durmiendo para siempre al fondo de esa tina de mierda llena de agua...
Su vivir se resumía a despertar a cualquier hora, hacer un escrutinio del espacio que lo rodeaba sin mayor propósito que el de asegurarse de seguir vivo, comer algo, sentarse en la ventana mirando el horizonte y divagar sobre absolutamente nada en particular, dormir la siesta, despertar en la noche, emborracharse y escuchar música mientras escribe algo carente de talento que gracias a algún Dios ocioso probablemente nunca verá la luz del sol. Los días se le iban así: perdidos, vacíos, animales.
Los momentos que tenía de lucidez se le hacían insoportables pues le servían únicamente para darse cuenta del estado en que se encontraba. Anhelaba aquellos días donde era brillantemente creativo, cuando se sentía motivado a llevarse el mundo por delante. Ahora no encontraba la razón por la que pelear, el punto de partida por el cual luchar era una construcción inalcanzable para su diezmado espíritu.
¿Qué hacer?
Hace algunos años, cuando aun era él, había reflexionado un montón sobre este tipo de procesos, digamos "la decadencia del ser". Por supuesto en esa época, desde su mirada artística de la vida, este estado del alma parecía mucho más poético, romántico y épico de lo que verdaderamente era. Él se había preparado, durante esas reflexiones, para sobrellevar una potencial decadencia de su alma sólo con el glamour del alcohol y las drogas, como buen rockero.
Nada más alejado de la realidad. Su depresión auto prescrita la vivía sin el más mínimo rastro de poesía callejera. Era polvo. Los sueños de siempre parecían tan lejanos que era preferible abandonar la empresa de hacerlos realidad para así evitar frustraciones. Objetivos y sueños de lado, a lo único que se podía aferrar como ser humano era al valor intrínseco de la cotidianidad, pero eso tampoco lo tenía ya que se sentía un animal.
Finalmente un día se plantó se dijo a sí mismo: "Lo que tengo que hacer es buscarme, definirme de nuevo, re nacer como alguien con nuevos intereses". (Cómo se puede apreciar, realmente le venía bien la épica al voleo a nuestro amigo). Así estuvo, días re inventándose desde lo más profundo de la condición humana para concluir en un cuadro de rotundo éxito para su persona: Empastillado hasta la médula y durmiendo para siempre al fondo de esa tina de mierda llena de agua...
martes, 15 de julio de 2014
Esas noches frías
Había llovido todo el día, y como era feriado se había quedado en su casa sin hacer nada...o sea, había descansado, que es algo muy importante.
En el aburrimiento de la tarde mezclado con lo monótono de la programación televisiva, Javier había encontrado en su sillón un lugar ideal para dormir la siesta. Se le pasó un poco la mano y se mandó 3 horas, por eso ahora a las 23:37 está mirando el techo con absolutamente nada de sueño, ya está viejo para ponerse a contar ovejas así que se levanta a preparar té y saca un cigarro.
Es una de esas noches que le gustan...después de la lluvia hace un frío que te despierta el alma al sentirlo en la cara, además está ese olor a pavimento y tierra mojados que lo hace sentir mejor, lo reconforta. Pero esas noches frías también lo hacen sentir una imperiosa necesidad de ser creativo, más allá del propio deseo; lo siente necesario, siente que debe descargar de alguna forma esa obligación de querer expresar algo que ha tenido toda la vida, mejor dicho es la necesidad de expresar lo que realmente es.
Prende la radio, disco favorito adentro y saca una hoja de papel. Listo para que la vorágine inventiva haga lo suyo, dando rienda suelta al constructor de sueños escritos que lleva dentro. Al rato de mirar el papel en blanco se da cuenta que la noche probablemente va a terminar como tantas otras iguales, sólo con el anhelo de haber hecho algo...va a ser una noche olvidada en un par de días cuando la vida de mierda rutinaria siga adelante.
La convicción de esta noche es diferente eso sí, siente algo distinto, siente que viene, el empujoncito de partida viene ahí...en alguna parte. No aguanta más el encierro, quizás liberar el cuerpo de las paredes ayudará a liberar la mente; Javier toma el abrigo, guarda los cigarros y sale a caminar a alguna parte, no sabe a dónde.
Después de dar vueltas un rato y fumar mucho más de lo conveniente vuelve al departamento, se sienta y sabe por fin lo que debe hacer...tiene que escribir lo que sea, lo que sienta. La mejor forma para desahogar su alma no es escribiendo el quijote moderno, sino que escribiendo lo que necesite sacar.
La sinceridad de lo dicho reemplazará el talento inexistente, al menos en su concepción.
Ya sabe que mañana será un día mejor, porque ya entendió qué es lo necesario para coronar esas noches frías que tanto le gustan...la respuesta no podía ser más simple, tiene que ser él mismo, auténtico, sincero, simple. Las paredes mentales no tenían nada que ver con las físicas, las mentales se las estaba poniendo él mismo.
Desde mañana Javier va a estar ansioso por que llegue la próxima lluvia...
En el aburrimiento de la tarde mezclado con lo monótono de la programación televisiva, Javier había encontrado en su sillón un lugar ideal para dormir la siesta. Se le pasó un poco la mano y se mandó 3 horas, por eso ahora a las 23:37 está mirando el techo con absolutamente nada de sueño, ya está viejo para ponerse a contar ovejas así que se levanta a preparar té y saca un cigarro.
Es una de esas noches que le gustan...después de la lluvia hace un frío que te despierta el alma al sentirlo en la cara, además está ese olor a pavimento y tierra mojados que lo hace sentir mejor, lo reconforta. Pero esas noches frías también lo hacen sentir una imperiosa necesidad de ser creativo, más allá del propio deseo; lo siente necesario, siente que debe descargar de alguna forma esa obligación de querer expresar algo que ha tenido toda la vida, mejor dicho es la necesidad de expresar lo que realmente es.
Prende la radio, disco favorito adentro y saca una hoja de papel. Listo para que la vorágine inventiva haga lo suyo, dando rienda suelta al constructor de sueños escritos que lleva dentro. Al rato de mirar el papel en blanco se da cuenta que la noche probablemente va a terminar como tantas otras iguales, sólo con el anhelo de haber hecho algo...va a ser una noche olvidada en un par de días cuando la vida de mierda rutinaria siga adelante.
La convicción de esta noche es diferente eso sí, siente algo distinto, siente que viene, el empujoncito de partida viene ahí...en alguna parte. No aguanta más el encierro, quizás liberar el cuerpo de las paredes ayudará a liberar la mente; Javier toma el abrigo, guarda los cigarros y sale a caminar a alguna parte, no sabe a dónde.
Después de dar vueltas un rato y fumar mucho más de lo conveniente vuelve al departamento, se sienta y sabe por fin lo que debe hacer...tiene que escribir lo que sea, lo que sienta. La mejor forma para desahogar su alma no es escribiendo el quijote moderno, sino que escribiendo lo que necesite sacar.
La sinceridad de lo dicho reemplazará el talento inexistente, al menos en su concepción.
Ya sabe que mañana será un día mejor, porque ya entendió qué es lo necesario para coronar esas noches frías que tanto le gustan...la respuesta no podía ser más simple, tiene que ser él mismo, auténtico, sincero, simple. Las paredes mentales no tenían nada que ver con las físicas, las mentales se las estaba poniendo él mismo.
Desde mañana Javier va a estar ansioso por que llegue la próxima lluvia...
lunes, 23 de junio de 2014
Otra vez ahí
Y se acaba otro día de trabajo igual que todos: rutinario, monótono, gris. Para no romper con la tradición camina como siempre por las calles de siempre, con la cabeza gacha directo a tomar el metro...ya va de vuelta a su departamento. Es todo lo que siempre soñó cuando joven el sucucho ese, todo patas arriba, la ropa tirada, sucio, con restos de comida por ahí, refrigerador lleno de las porquerías que le gustan...un paraíso, la verdad. A veces le dan ganas de que ese sueño de la independencia no se hubiese cumplido tan al pie de la letra.
Llegando a la estación a lo de siempre, sentarse a esperar el tren correcto, no tiene apuros así que lo suyo no es la premura del resto de la gente que pasa y tiene que llegar a estar con la familia o los hijos...no, lo suyo no es la prisa, es la espera, la contemplación.
Para acompañar la espera saca los audífonos, en la música reside casi lo único capaz de darle felicidad, o tranquilidad al menos... es música, escribir y leer; nada más. Así se queda mirando a la gente, esperando. Y esperando qué podría preguntarse uno, y que va a ser, está esperándola a ella, como todos los días. Ella siempre llega en horas distintas, cuando llega.
Hoy parece ser uno de esos días de suerte, logra identificarla entre la muchedumbre, rápidamente se incorpora desde el asiento y siente ese mismo cosquilleo de la primera vez. Se acerca a ella y suben al vagón, como siempre transcurren todo el camino en silencio. Él la acompaña hasta que se baja, siempre lo hace en una estación distinta, lo de ella no es la monotonía que lo rige a él, quizás es una de las cosas que le gustan de ella.
Ya fuera de la estación él la mira alejarse, quiere ver que no le pase nada. Después de un rato mirando así el horizonte por donde acaba de irse su amada se saca por fin los audífonos y choca con el murallón de la realidad. Lo mismo de todos los días de suerte, termina así, en alguna estación de metro preguntándose a sí mismo si será alguna vez realmente ella, la que de verdad espera, con quien viaje. Por hoy tendrá que enfilar de vuelta al departamento, a lo de siempre: supermercado, cerveza, vienesas y pan...mañana hay que levantarse a ese trabajo de mierda otra vez.
lunes, 23 de diciembre de 2013
Indecisión
Siempre fue su problema, en todo orden de cosas. Toda la vida supo lo que tenía que hacer y casi nunca lo hizo, pensando que podía dañar a los demás, pasar a llevar a alguien, herir a otros o quizás qué cosas. El problema fue que se dio cuenta tarde que hacer esto toda la vida lo único que logró fue llenarlo de impotencia, de desasosiego, de rabia y de pena.
Él suponía que en algún momento todo explotaría y comenzaría a hacer lo que debía o sentía...que comenzaría a vivir... pero ese momento no llegaba nunca, lo buscaba casi forzándolo, pero aún así nada. Siempre lo mismo, siempre pensar en el daño a los demás o darle mil vueltas al qué podría pasar y nunca nada de acción.
Esas malas decisiones lo tenían como estaba ahora, triste y solo, sintiendo que nadie podía entenderlo menos aún ayudarlo, sintiéndose estúpido. Supongo que la calma de no haberle hecho daño al resto algo apaciguaba el dolor que tenía dentro, quizás no.
El alcohol y la escritura eran y son su refugio, no había nada más que eso hasta ahora (pero se le estaba ocurriendo qué más agregar). Allí podía dejar sus sentimientos verdaderos sin hacerle mal a nadie, y quitándose el mal de sí mismo, o un poco de este. La música era su escape, lo único que en esos momentos horribles lo sacaba de la mierda en que estaba y lo dejaba por unos minutos en un estado de felicidad o de no pena.
No había nada más que angustia, dicen que cobarde es aquel que sabe lo que es correcto y no lo hace...él se sentía peor, era peor que un cobarde pues sabía qué era correcto y además qué sentía, y aun así no lo hacía.
A pesar de la imagen miserable que estoy dando de nuestro protagonista, es buen tipo. En general no le desea mal a nadie y tiene más o menos los mismos defectos que todos...su problema es otro, su problema es el miedo. Miedo a hacer lo que sabe que debe, miedo a decir las cosas que siente, miedo a vivir la vida como quiere vivirla y no como le hace menos mal al resto, miedo a ser él mismo....debe ser el miedo de más baja calaña que hay, pero es buen tipo, él siente que no se merece vivir lo que está viviendo.
Toda la vida pensó que su cabeza estaba sobre todo el resto de las cosas, en particular de su corazón...ahora estaba viendo que hasta en eso estaba equivocado. Tanto jactarse de su racionalidad de medio pelo para nada, al final era tan débil como todos, tan vulnerable...tan frágil.
En este momento es todo contradicciones y desdicha, no hay adjetivos positivos que lo describan...capaz que hasta se lo merece, es buen tipo pero ha sido un hijo de puta demasiadas veces como para salir sin castigo. De todo corazón espero que se reponga, nuestro protagonista necesita contarnos todavía muchas historias, ojalá lindas, necesita compartir opiniones y hablar de cosas sin sentido....necesita volver a la alegría, esa que parece que quedó atrás, atrás donde están todos esos momentos donde decidió mal.
Él suponía que en algún momento todo explotaría y comenzaría a hacer lo que debía o sentía...que comenzaría a vivir... pero ese momento no llegaba nunca, lo buscaba casi forzándolo, pero aún así nada. Siempre lo mismo, siempre pensar en el daño a los demás o darle mil vueltas al qué podría pasar y nunca nada de acción.
Esas malas decisiones lo tenían como estaba ahora, triste y solo, sintiendo que nadie podía entenderlo menos aún ayudarlo, sintiéndose estúpido. Supongo que la calma de no haberle hecho daño al resto algo apaciguaba el dolor que tenía dentro, quizás no.
El alcohol y la escritura eran y son su refugio, no había nada más que eso hasta ahora (pero se le estaba ocurriendo qué más agregar). Allí podía dejar sus sentimientos verdaderos sin hacerle mal a nadie, y quitándose el mal de sí mismo, o un poco de este. La música era su escape, lo único que en esos momentos horribles lo sacaba de la mierda en que estaba y lo dejaba por unos minutos en un estado de felicidad o de no pena.
No había nada más que angustia, dicen que cobarde es aquel que sabe lo que es correcto y no lo hace...él se sentía peor, era peor que un cobarde pues sabía qué era correcto y además qué sentía, y aun así no lo hacía.
A pesar de la imagen miserable que estoy dando de nuestro protagonista, es buen tipo. En general no le desea mal a nadie y tiene más o menos los mismos defectos que todos...su problema es otro, su problema es el miedo. Miedo a hacer lo que sabe que debe, miedo a decir las cosas que siente, miedo a vivir la vida como quiere vivirla y no como le hace menos mal al resto, miedo a ser él mismo....debe ser el miedo de más baja calaña que hay, pero es buen tipo, él siente que no se merece vivir lo que está viviendo.
Toda la vida pensó que su cabeza estaba sobre todo el resto de las cosas, en particular de su corazón...ahora estaba viendo que hasta en eso estaba equivocado. Tanto jactarse de su racionalidad de medio pelo para nada, al final era tan débil como todos, tan vulnerable...tan frágil.
En este momento es todo contradicciones y desdicha, no hay adjetivos positivos que lo describan...capaz que hasta se lo merece, es buen tipo pero ha sido un hijo de puta demasiadas veces como para salir sin castigo. De todo corazón espero que se reponga, nuestro protagonista necesita contarnos todavía muchas historias, ojalá lindas, necesita compartir opiniones y hablar de cosas sin sentido....necesita volver a la alegría, esa que parece que quedó atrás, atrás donde están todos esos momentos donde decidió mal.
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