sábado, 21 de noviembre de 2015

Que difícil ser feliz

No se parece en nada a la sensación que esperaba. La verdad me siento vacío, desorientado, perdido...triste creo que es la buena palabra. "Buena" en un sentido muy "malo" por supuestamente.

Esperaba estar feliz, pleno, lleno de alegría por la meta cumplida; pero no. Ocurrió algo distinto. Efectivamente me saqué de encima una preocupación enorme y por un largo rato estuve contento (no pletórico pero contento). Lamentablemente aquella liberación intelectual le dejó espacio a la mente para que volviera a pensar, después del letargo provocado por el trabajo y estrés, despiadados come-neuronas y sueños.

Ahora volvieron las angustias de antes -algunas de ellas muy a mi pesar- porque pensé que eran temas cerrados. Mi mente, que yo creía tan poderosa, no es capaz de regir mis sentimientos, en ningún sentido...y todo vuelve, los miedos de no vivir como yo quiero.

La imagen ahí presente cada día es la que me come el espíritu. La imagen de lo que podría ser y no soy, de las decisiones que podría tomar y no tomo, de los huevos que podría tener y no tengo, del ser humano que me gustaría ser y nunca seré..por cagón. Dicen que una virtud del ser humano es que cambia con el tiempo, eso lo hace especial de cierta forma. Me gustaría a mi ser humano en ese sentido, y cambiar y volar y vivir.

No me acuerdo si lo dije aquí antes o lo pensé solamente, pero qué fácil debe ser el ser feliz cuando no se piensa en nada.

sábado, 4 de abril de 2015

Los ojos

Los ojos, ventana del alma. Se pregunta ahora si esa frase la inventó o la escuchó/leyó por ahí. Seguramente debe ser de alguien más ya que nunca se le ocurre nada bueno, y en este momento esa frase le parece muy buena. 

Toda la vida siempre luchó por lograr lo que al final todo el mundo quiere, poder expresarse genuinamente. Como todo el resto de sus planes, fracasó. Quiso escribir, hacer música, pintar, jugar fútbol...y así un largo etcétera. Nunca le resultó nada así que se fue por el camino clásico de quien pasa por el mundo sin dejar huella: se metió a estudiar una carrera estándar a la universidad, la terminó y empezó a trabajar en algo que no le interesaba en lo más mínimo ni le llenaba el espíritu de ninguna forma.

Así se le fueron varios años, compartió con amigos que no quería, se casó con una mujer que no amaba y tuvo hijos que no quiso. Siempre anhelando poder un día despertar con la suficiente valentía para mandar todo a la mierda y comenzar a vivir. Siempre armando fría y calculadamente su plan para salir del mundo común y corriente, y "hacer algo". Siempre imaginándose como un escritor, un bohemio, un músico, un ser vivo al fin de cuentas. 

Intentos tuvo, no se crean que nuestro héroe nunca juntó el valor necesario. Trató de escribir una novela, agarró un vuelo impresionante al principio, se desgarró la creatividad del alma y llegó al no despreciable número de 10 páginas escritas...ahí se bloqueó y no siguió más. Lejos de desanimarse por esa experiencia fallida, pensó que quizás era mejor partir poniéndose metas más modestas pero igualmente desafiantes: "Partamos por escribir cuentos" se dijo. Mismo resultado a distinta escala.

Una semana atrás tomó la decisión, ya sabía qué era lo único que podía hacer en su vida para sentirse valiente o decidido. Pasó los días planeando bien todo y finalmente llegado el momento lo hizo, saltó directo a las vías.

Ahora mientras mira desde arriba como la gente se acerca a ese cuerpo inerte, piensa lo curioso de sentir que por fin pudo expresarse, gritar, decidirse, hacer algo. Logró...no, mejor dicho aun logra mientras la gente se reúne, expresar algo, a pesar de tener los ojos cerrados. Siempre pensó que los ojos eran la forma más pura de expresión, ahora se da cuenta que no, no los necesitaba.


domingo, 1 de febrero de 2015

Buscándose

Todo era oscuro, el letargo lo tenía consumido hace días, no daba más. Cuando se ponía a pensar se daba cuenta de que lo que en verdad lo consumía era esa sensación...no, mejor dicho esa condición profundamente animal que caracterizaba su ser en el último tiempo. 

Su vivir se resumía a despertar a cualquier hora, hacer un escrutinio del espacio que lo rodeaba sin mayor propósito que el de asegurarse de seguir vivo, comer algo, sentarse en la ventana mirando el horizonte y divagar sobre absolutamente nada en particular, dormir la siesta, despertar en la noche, emborracharse y escuchar música mientras escribe algo carente de talento que gracias a algún Dios ocioso  probablemente nunca verá la luz del sol. Los días se le iban así: perdidos, vacíos, animales.

Los momentos que tenía de lucidez se le hacían insoportables pues le servían únicamente para darse cuenta del estado en que se encontraba. Anhelaba aquellos días donde era brillantemente creativo, cuando se sentía motivado a llevarse el mundo por delante. Ahora no encontraba la razón por la que pelear, el punto de partida por el cual luchar era una construcción inalcanzable para su diezmado espíritu.

¿Qué hacer?

Hace algunos años, cuando aun era él, había reflexionado un montón sobre este tipo de procesos, digamos "la decadencia del ser". Por supuesto en esa época, desde su mirada artística de la vida, este estado del alma parecía mucho más poético, romántico y épico de lo que verdaderamente era. Él se había preparado, durante esas reflexiones, para sobrellevar una potencial decadencia de su alma sólo con el glamour del alcohol y las drogas, como buen rockero.

Nada más alejado de la realidad. Su depresión auto prescrita la vivía sin el más mínimo rastro de poesía callejera. Era polvo. Los sueños de siempre parecían tan lejanos que era preferible abandonar la empresa de hacerlos realidad para así evitar frustraciones. Objetivos y sueños de lado, a lo único que se podía aferrar como ser humano era al valor intrínseco de la cotidianidad, pero eso tampoco lo tenía ya que se sentía un animal. 

Finalmente un día se plantó se dijo a sí mismo: "Lo que tengo que hacer es buscarme, definirme de nuevo, re nacer como alguien con nuevos intereses". (Cómo se puede apreciar, realmente le venía bien la épica al voleo a nuestro amigo). Así estuvo, días re inventándose desde lo más profundo de la condición humana para concluir en un cuadro de rotundo éxito para su persona: Empastillado hasta la médula y durmiendo para siempre al fondo de esa tina de mierda llena de agua...

martes, 15 de julio de 2014

Esas noches frías

Había llovido todo el día, y como era feriado se había quedado en su casa sin hacer nada...o sea, había descansado, que es algo muy importante. 

En el aburrimiento de la tarde mezclado con lo monótono de la programación televisiva, Javier había encontrado en su sillón un lugar ideal para dormir la siesta. Se le pasó un poco la mano y se mandó 3 horas, por eso ahora a las 23:37 está mirando el techo con absolutamente nada de sueño, ya está viejo para ponerse a contar ovejas así que se levanta a preparar té y saca un cigarro.

Es una de esas noches que le gustan...después de la lluvia hace un frío que te despierta el alma al sentirlo en la cara, además está ese olor a pavimento y tierra mojados que lo hace sentir mejor, lo reconforta. Pero esas noches frías también lo hacen sentir una imperiosa necesidad de ser creativo, más allá del propio deseo; lo siente necesario, siente que debe descargar de alguna forma esa obligación de querer expresar algo que ha tenido toda la vida, mejor dicho es la necesidad de expresar lo que realmente es.

Prende la radio, disco favorito adentro y saca una hoja de papel. Listo para que la vorágine inventiva haga lo suyo, dando rienda suelta al constructor de sueños escritos que lleva dentro. Al rato de mirar el papel en blanco se da cuenta que la noche probablemente va a terminar como tantas otras iguales, sólo con el anhelo de haber hecho algo...va a ser una noche olvidada en un par de días cuando la vida de mierda rutinaria siga adelante. 

La convicción de esta noche es diferente eso sí, siente algo distinto, siente que viene, el empujoncito de partida viene ahí...en alguna parte. No aguanta más el encierro, quizás liberar el cuerpo de las paredes ayudará a liberar la mente; Javier toma el abrigo, guarda los cigarros y sale a caminar a alguna parte, no sabe a dónde. 

Después de dar vueltas un rato y fumar mucho más de lo conveniente vuelve al departamento, se sienta y sabe por fin lo que debe hacer...tiene que escribir lo que sea, lo que sienta. La mejor forma para desahogar su alma no es escribiendo el quijote moderno, sino que escribiendo lo que necesite sacar.
La sinceridad de lo dicho reemplazará el talento inexistente, al menos en su concepción.

Ya sabe que mañana será un día mejor, porque ya entendió qué es lo necesario para coronar esas noches frías que tanto le gustan...la respuesta no podía ser más simple, tiene que ser él mismo, auténtico, sincero, simple. Las paredes mentales no tenían nada que ver con las físicas, las mentales se las estaba poniendo él mismo. 


Desde mañana Javier va a estar ansioso por que llegue la próxima lluvia...

lunes, 23 de junio de 2014

Otra vez ahí

Y se acaba otro día de trabajo igual que todos: rutinario, monótono, gris. Para no romper con la tradición camina como siempre por las calles de siempre, con la cabeza gacha directo a tomar el metro...ya va de vuelta a su departamento. Es todo lo que siempre soñó cuando joven el sucucho ese, todo patas arriba, la ropa tirada, sucio, con restos de comida por ahí, refrigerador lleno de las porquerías que le gustan...un paraíso, la verdad. A veces le dan ganas de que ese sueño de la independencia no se hubiese cumplido tan al pie de la letra.

Llegando a la estación a lo de siempre, sentarse a esperar el tren correcto, no tiene apuros así que lo suyo no es la premura del resto de la gente que pasa y tiene que llegar a estar con la familia o los hijos...no, lo suyo no es la prisa, es la espera, la contemplación. 

Para acompañar la espera saca los audífonos, en la música reside casi lo único capaz de darle felicidad, o tranquilidad al menos... es música, escribir y leer; nada más. Así se queda mirando a la gente, esperando. Y esperando qué podría preguntarse uno, y que va a ser, está esperándola a ella, como todos los días. Ella siempre llega en horas distintas, cuando llega.

Hoy parece ser uno de esos días de suerte, logra identificarla entre la muchedumbre, rápidamente se incorpora desde el asiento y siente ese mismo cosquilleo de la primera vez. Se acerca a ella y suben al vagón, como siempre transcurren todo el camino en silencio. Él la acompaña hasta que se baja, siempre lo hace en una estación distinta, lo de ella no es la monotonía que lo rige a él, quizás es una de las cosas que le gustan de ella. 

Ya fuera de la estación él la mira alejarse, quiere ver que no le pase nada. Después de un rato mirando así el horizonte por donde acaba de irse su amada se saca por fin los audífonos y choca con el murallón de la realidad. Lo mismo de todos los días de suerte, termina así, en alguna estación de metro preguntándose a sí mismo si será alguna vez realmente ella, la que de verdad espera, con quien viaje. Por hoy tendrá que enfilar de vuelta al departamento, a lo de siempre: supermercado, cerveza, vienesas y pan...mañana hay que levantarse a ese trabajo de mierda otra vez.